¿Cuáles son los tres principales
problemas que urge resolver en tu comunidad actualmente?
¿Cuáles son los principales logros de
tu delegado o presidente municipal en lo que va de su mandato, es decir, la
promesa de campaña mejor cumplida?
Si el día de hoy fueran las
elecciones para elegir delegado o presidente municipal, ¿Por qué partido
político o alianza votarías?
…….
Ahora bien, ¿Sabes cuánto dinero paga
un partido político por que le respondas estas tres simples y sencillas
preguntas en una encuesta?... Pongámoslo así, con ese dinero comerían bien el
día de hoy una familia de cuatro integrantes con desayuno, comida y cena en la
comunidad más pobre del estado de Puebla. Así que, me imagino que te
preguntarás ¿Por qué paga tanto y para qué quiere saber eso?...
¿Para darle solución a los
principales problemas de mi comunidad?... No.
¿Para darle seguimiento al desempeño
del delegado o presidente municipal de mi localidad y sancionarlo en caso de haber incumplido sus
promesas de campaña?… Tampoco.
Entonces, ¿Cuál es la finalidad?...
La razón es simple: para saber qué estrategia debe utilizar para GANARLE A SUS
CONTRINCANTES. Solo eso. ¿Y por qué invertir tanto dinero en ello?... Pues
porque un buen político sabe que para ganar hay que invertir, y una vez estando
en el poder cualquier gasto previo será fructuosamente recompensado.
Y eso es solo un ejemplo de lo que
los partidos políticos son capaces de hacer con tal de ganar el tan añorado
“hueso”. Y es que, la metáfora está correctamente aplicada: “son como perros
ladrándose, mordiéndose y revolcándose por un hueso”.
A mis 27 años he tenido pocos pero
muy peculiares roces con el bajo mundo de la política, los cuales me han dado
la experiencia suficiente como para poder asegurar lo anteriormente dicho;
entre los partidos políticos hay una guerra vil, sucia y deshonesta por el
hueso. Y como sería muy irresponsable de mi parte asegurar algo así sin ofrecer
mis argumentos al lector, aquí están mis experiencias…
Capítulo Uno – Una licenciada
muy cabrona, ¿me entiendes?
Fue hace aproximadamente unos 10
años. Había elecciones internas por parte del PRI para elegir a su candidato a
la presidencia de la república y había dos “fuertes” contrincantes, uno de
ellos era Roberto Madrazo, el otro apenas y recuerdo su estampa en la boleta
(un tipo que solo conocían en su casa). Se me pidió como favor que cubriera el
puesto de un observador que no asistió en la casilla de una colonia cercana a
la mía, aún cuando no había cumplido la mayoría de edad, y cuando además, no
tenía una capacitación para el puesto. Pero como me dijeron “no importa, solo tienes
que estar todo el día sentado en tu casilla viendo como entra la gente a votar
y te vas a ganar 250 pesotes” pues yo acepté.
Mi trabajo en realidad era vigilar
que la votación ocurriera en orden y que no hubiera nada extraño durante la
misma, que se cumplieran las reglas pues. Yo iba como representante de aquel
desconocido candidato que competía contra Madrazo. Y el día comenzó a
transcurrir con normalidad, de hecho muy aburrido pues las votaciones estaban
muy flojas. Estaba casi dormido.
Como a eso de las 3 de la tarde entró
a la casilla una mujer de escasos 1.60, cabello largo lacio, de complexión
delgada, vestida con un traje gris ceñido y gafas oscuras, traía una maleta de
piel. Tras ella dos gorilas que parecían sus guaruras. Y una vez adentro les
ordenó a sus guaruras que cerraran las puertas con un imperativo chasquido de
dedos. Inmediatamente le pidió a la encargada de casilla que le mostrara la
lista de asistencia de votantes y después de hojearla por unos segundos, sacó
de su maleta varias boletas marcadas a favor de Madrazo y las introdujo en las
urnas. Nadie dijo absolutamente nada y yo estaba estupefacto. Hasta ese
entonces yo tenía la estúpida idea de que eso no sucedía en la vida real, sino
que solo eran rumores de gente chismosa. Lo peor del caso es que yo era en
realidad un intruso ahí. Alguien con quien no contaba la misteriosa dama de
gafas negras y que por lo apresurada, estaba pasando desapercibido.
Una vez que terminó de “hacer lo
suyo”, sus guaruras se disponían a abrir las puertas cuando volteó y me miró
con un semblante de extrañeza y preguntó a la encargada de la casilla “¿Quién
es este? ¿Qué hace aquí?”. La encargada le dijo que me habían mandado como
suplente de otra persona, pero la mujer, evidentemente molesta, la regañó por
permitirlo diciéndole una sarta de vulgaridades. Pero el daño ya estaba hecho,
así que lo mejor era hablar seriamente con el intruso…
Se dirigió hacia mí con voz fuerte y en
un tono amenazante me dijo: “Mira hijo,
yo soy la licenciada Mari González, y soy de Madrazo, y por mí, va a ganar
Madrazo aquí, entiendes?”, “No te
conviene decir absolutamente nada de lo que acabas de ver aquí, porque te puede
ir mal mijo, me entiendes?” – (Yo solo asentía con la cabeza) – “Madrazo es el chingón y por eso va a ganar,
y si se te ocurre comentar algo de lo que viste o escuchaste aquí, yo me voy a
enterar porque soy cabrona mijo, me entiendes?”… Una vez que la advertencia
estuvo hecha, se dio la media vuelta, tomó su maleta vacía y se fue con sus
guaruras con rumbo desconocido. Y enseguida la actividad en la casilla continuó
como si nada hubiera pasado.
Ya por la noche, una vez que la
votación había cerrado, fuimos a recibir nuestro pago a la casa de campaña del
PRI y entre la concurrencia estaba la licenciada Mari González, brindando con
otras personas por el triunfo de Madrazo. Entre los encargados y representantes
de casilla pude escuchar comentarios en voz baja que aseguraban que la licenciada
Mari había hecho un recorrido por todas las casillas de la localidad para
“hacer de las suyas” pero en todo caso el asunto no iba a salir de ahí porque,
como dijeron algunos “lo que pasa en la casilla, se queda en la casilla”.
Aún puedo recordar su voz imperativa
y amenazante repitiendo después de cada frase “¿me entiendes?” asegurándose de
que su advertencia me quedara clara, pero obviamente, si estás leyendo esto,
comprenderás que no fue así.
Capítulo Dos – Pura
pinche psicología.
Esto sucedió hace unos cinco años
aproximadamente. Mi vida en ese entonces era solo parranda tras parranda, y
esta fiestera forma de vida me llevó a parar casualmente a una “reunión de
campaña” de militantes del PRD que se llevó a cabo en la casa de un amigo que
vive en el Estado de México. Estaban próximas las elecciones en su municipio y
como él estaba muy metido en la “polaca”, prestó su casa para dicha reunión.
Esta reunión, entre otras cosas, era
con el fin de discutir asuntos importantes de campaña; como organizar la agenda
de trabajo, que incluía una “gira artística” de su candidato por las colonias
más pobres del municipio, realizar eventos sociales (con grupos musicales, mole
y toda la cosa), administrar los gastos de la campaña para empezar a dar
despensas y otros regalos y lo más curioso; empezar a repartir el pastel sin
haberlo ganado antes.
El rival a vencer era el PRI, que en
ese entonces tenía un candidato “famoso” para ese municipio, pues era hermano
de un comentarista de Televisa Deportes (quién por cierto no vivía en ese
municipio, sino en Europa, pero como compró unos terrenitos ahí pues dijo “de
aquí soy y me postulo” y lo que son las cosas, ganó). El asunto era crear una
estrategia para vencerlo, y los puntos eran, uno: desacreditarlo por no ser
nativo del municipio y dos: encontrar la forma de ganarse a la gente. Y bueno,
la reunión, un tanto aburrida, se extendió por varias horas, entre discusiones
candentes, chicharrones para botanear y la compañía de nuestro infaltable amigo
el alcohol.
Ya entrada la noche, y con unas copas
encima, los participantes en aquella pintoresca reunión habían cambiado su
correcto y educado modo de hablar, por un tono más coloquial. Y pues qué mas
daba si estábamos en confianza no? La reunión se tornó más que amena, ya que
pasó de frases como “el candidato rival es un fuerte contrincante a vencer” a
otras como “ese wey está muy cabrón y hay que ver cómo nos lo chingamos”.
Entonces fui testigo de la transformación.
Conocí el verdadero rostro de la gente que está metida en la política. Sin
máscaras y sin hipocresías. Y tuve la oportunidad de escuchar cómo es que
realmente piensan los miembros de esta singular especie humana. Platicando con
ellos, estas fueron las indignantes aberraciones que escuché…
“El
pedo está así; vamos a llevar al pinche candidato a las colonias más jodidas para
que la gente lo conozca, y que le cuenten sus penas, y así la gente va a
pensar: este wey si nos escucha, y así podemos usar eso para las promesas de
campaña y arrancarles el voto a los cabrones.”
……….
“Una vez estando
adentro, tienes que ponerte muy chingón y agarrar todo lo que puedas, porque
los puestos no son eternos, así que tienes que ver cómo chingados le haces para
sacar lo tuyo antes de que llegue otro más cabrón que tú y no te deje nada.”
……….
“Pinches indios ladinos,
nos dicen corruptos y sin saber todo lo que hacemos por ellos! Además, si bien
que se roban la luz con sus diablitos, muchos negocios no pagan impuestos como
en el DF, y además se quejan de la delincuencia cuando los delincuentes son
ellos mismos! ¿O a poco crees que los ratas vienen de otro lado?... Si lo que
quieren son resultados, lo que deberían de hacer es callarse el pinche hocico y
pagar sus impuestos, punto!
……….
“Pues mira, mi cuñado
ya me dijo que nos va a poner 15 bultos de azúcar y 15 de frijol para regalar
en el evento, entonces cómo ven si le dejamos el DIF?”
……….
“Mira pinche Osvaldito,
te digo que es una inversión chingona, porque la gente es pendeja, les pones un
sonido y les invitas un taco y con eso te los ganas, por eso la importancia de
los eventos, y no hay pierde porque una vez adentro, recuperas tu lana en
corto. Como el presidente que está ahorita, el muy cabrón en su primer mes le
puso alberca a su casa valiéndole madres que medio pueblo no tiene drenaje.”
……….
“Pareciera que están
jodidos, porque tú los ves y sus pinches casitas de lámina y así como andan
vestidos aparentan eso, pero neta que esa gente tiene dinero, nomás que son
pinches chillones y todo lo quieren gratis; quieren pensión que para madres
solteras, que para los viejitos, que para los desempleados, que para los
discapacitados , te imaginas? Quieren que el municipio los mantenga, pinche
gente pedinche! Si te digo que al pueblo hay que racionarle el pan, porque si
no se lo acaban.”
……….
“Al chile me caíste
bien pinche Osvaldo, mira, si quieres, éntrale con unos diez mil varitos a la
campaña y cuando quedemos te puedo poner en un área chingona y hasta una plaza
más para que metas a quien tú quieras.”
……….
“¿Qué si tiene carrera
el pinche candidato? Jajajaja, no mames, si ese wey apenas y sabe escribir
jajaja, es ojete, pero se ha sabido juntar con la gente indicada y por eso está
donde está; además en el partido dicen que es el candidato ideal porque con la
cara de pinche indio que se carga, prieto y paisano, la gente del municipio se
va a identificar con él, jajaja, si te digo que es pura pinche psicología
jajajaja.”
Capítulo Tres – Lo que
digan las encuestas.
Esta última anécdota tiene apenas unos
meses que sucedió. Me encontraba trabajando como supervisor en una empresa que
se dedica a la investigación de mercado, lo que popularmente conocemos como
encuestas, y sucedió en el histórico Estado de Puebla, que en ese entonces
estaba próximo a tener elecciones para Presidente Municipal en cada uno de sus
municipios.
El cliente, es decir, quien estaba
pagando por la encuesta era el PAN. La finalidad del estudio que estábamos
realizando era recabar la opinión de los poblanos de distintos municipios para
conocer, entre otras cosas, sus preferencias políticas y así vislumbrar la
tendencia política de cada localidad. Así mismo, y debido a que aún no habían
candidatos panistas definidos para cada municipio, la encuesta buscaba conocer
a qué candidatos panistas prefería la gente, y así, poder “enviar a la guerra a
los mejores contrincantes azules”.
Los municipios que visité junto a mi
equipo de trabajo fueron Puebla Centro, Tehuacán, Rafael Lara Grajales, Nopalucan
y Tlacotepec de Benito Juárez, y fue precisamente en este último donde un
simple viaje de trabajo se convirtió en una experiencia única.
Mi equipo (5 encuestadores) y yo
llegamos al centro de Tlacotepec y nos hospedamos en el único hotel del pueblo;
una estancia pequeña conformada por unas 10 habitaciones (donde también estaban
hospedados otros equipos de encuestadores pero de diferentes empresas que
estaban realizando el mismo estudio). Una vez instalados nos dirigimos a los
barrios que teníamos programado visitar. Nos dividimos en 3 equipos para ello,
y mi equipo de dos encuestadores y yo, fuimos al barrio de San Marcos
Tlacoyalco; una localidad rural donde solo la avenida principal y otras dos o
tres cuadras estaban pavimentadas; una zona muy pobre en realidad, habitada en
mayor medida por gente indígena, (seguramente nativos del lugar). En algunos
casos, hablaban en dialecto, pero también español, por eso no tuvimos mayor
problema para realizarles las encuestas.
El problema es que la política
siempre es un tema candente y preguntar sobre política es “meterse en camisa de 11 varas”, ya que hay mucha gente apasionada
con su preferencia partidista. De hecho, al llegar al lugar, nos encontramos
con un enfrentamiento entre simpatizantes del PAN y el PRI, donde no faltaron
los palos, piedras, y palabras altisonantes (una que otra, externadas en
dialecto). Por obvias razones, nos alejamos del alboroto intentando pasar
desapercibidos, aunque era casi imposible porque a diferencia de los huaraches,
chales, enaguas, pantalones de lana y sombreros de paja que predominaban en la
zona, nuestro atuendo “fuereño” gritaba a los cuatro vientos “Mírennos, no
somos de aquí”. Desde ese momento comenzamos a observar camionetas que parecían
estarnos siguiendo durante nuestro recorrido.
El calor era tan intenso que casi
podía ver como se evaporaba mi sudor, y los caminos de terracería tenían más
cactus y nopaleras que árboles de sombra. Aunado a eso, las misteriosas
camionetas (lobos y rangers entre otros modelos) nos
seguían la pista cada vez con menos sigilo, deteniéndose a distancias cortas
cada que realizábamos una encuesta y rodeando las manzanas en que nos
encontrábamos. Aún así, continuamos con el levantamiento de encuestas tratando
de no inmutarnos con la situación.
Lo que nos conmovió de sobremanera fue
ver la situación en que viven las personas de esa comunidad. En verdad que el
panorama era triste. Casas de adobe con puertas hechas con tablas viejas,
techos de palma y en el mejor de los casos de lámina, niños descalzos con sus
ropitas sucias, personas de la tercera edad realizando labores como pastoreo,
y construcción de viviendas, cuando
deberían tener una vejez digna, descansando en sus hogares y no cargando tablas
y tabiques bajo el sol. Y en varias ocasiones, se acercaban a nosotros
preguntándonos si veníamos por parte del programa “Oportunidades” del gobierno
federal, esperanzados a que les ofreciéramos algún tipo de ayuda, pero
lamentablemente no era así. De verdad que me hubiera gustado pertenecer a dicho
programa para ayudar a esa gente, por que son quienes realmente lo necesitan y
por desgracia, quienes menos lo reciben.
El analfabetismo en la zona era
evidente, ya que la mayor parte de la gente adulta, no sabía leer ni escribir,
y cada que la encuesta requería que la persona leyera algo, era el encuestador
quien tenía que leérselo para que lo entendiera. En el recorrido que hicimos en toda la colonia, solo
pudimos ver una sola escuela, que además de todo, denotaba la necesidad de una
remodelación.
Una de las preguntas de la encuesta
consistía en pedirle al entrevistado o entrevistada que nos mencionara 3
problemas que urgiera resolver en su comunidad, y es ahí donde la gente
realmente se descocía, porque la
lista de necesidades del pueblo era vasta: drenaje, arreglar la escuela,
combatir la inseguridad, adoquinamiento de calles, un centro de salud que
cuente con instalaciones e instrumentación adecuadas y suficientes, así como
subsidio de medicamentos , apoyos económicos para la gente mayor y las madres
solteras, becas y apoyo con útiles escolares para los niños, etc. Peticiones
que son realmente absurdas, ya que la gente por derecho, no debería de tener
estas carencias.
Mucha gente se mostraba entusiasmada
al contestar la encuesta, ya que pensaron que realmente estábamos ahí para
escuchar sus peticiones y hacérselas llegar al municipio, pero la realidad era
otra; el cliente solo utiliza esta información como estrategia para armar las
promesas de campaña. Y por desgracia, solo para eso, nunca con la verdadera
intención de resolver esos problemas sociales.
Y bueno, el recorrido estaba por
finalizar, ya que estábamos por terminar nuestra cuota del día. Una vez que
terminamos, nos dirigimos rumbo a la calle principal del pueblo para esperar la
combi que nos llevara a nuestro hotel. Pero justo una cuadra antes de llegar a
la avenida, una de las camionetas que nos estuvo siguiendo, se nos cerró en la
esquina y de ella se bajaron dos tipos armados. Ambos tenían tal pinta de narcos, que parecían sacados
de la película “El Infierno”.
“¿Y ustedes, quienes
son, deónde vienen?”-
preguntó uno de ellos. Le explicamos que
estábamos realizando una encuesta de opinión pública y le mostramos nuestras
credenciales, pero para el tipo no fue suficiente… “Lo que pasa chavos es que aquí no se permite hacer eso, así que me van
a tener que dar esas encuestas”- nos dijo en tono altanero. Por obvios
motivos, la empresa que nos manda nos tiene prohibido mostrarle las encuestas a
la gente, y mucho menos entregárselas porque el cliente considera que es
información extra confidencial, así que valientemente nos negamos. Entonces el
tipo metió la mano en su chamarra como para sacar su arma y el otro tipo lo
detuvo, y le dijo unas palabras en dialecto (que obviamente no entendimos).
Segundos después, ese mismo tipo nos dijo: “Mejor
váyanse de aquí, porque si no se van, puede que ya no salgan después” y
ambos se subieron a su camioneta y se arrancaron. Y pues nosotros ni tardos ni perezosos nos fuimos de ahí en
chinga al hotel.
Una vez en la “seguridad” de la combi,
y ya más tranquilos, nos pusimos a platicar sobre lo que había sucedido. Supusimos
que se trataba de gente enviada por algún otro partido para ver cómo iban los
resultados en las encuestas del contrincante azul, gente del PRI o del PVEM
seguramente. Pero no tardaríamos en descubrir la desconcertante realidad. Lo
que me pareció un tanto extraño, es que mientras nos dirigíamos al hotel, el
chofer de la combi, no dejaba de vernos a través del retrovisor, y supe en ese
momento que había sido un grave error comentar lo sucedido en pleno transporte
público.
Cuando llegamos al hotel, otro de
nuestros compañeros (quien había ido solo a su punto de trabajo), ya estaba en
su habitación, así que subimos a preguntarle cómo le había ido a él. Una vez en
su cuarto, nos recibió con un semblante visiblemente pálido y cerró la puerta
antes de comenzar a hablar. Lo que nos dijo nos dejó en estado de shock…
“No debimos haber
venido a este lugar, aquí el pedo está muy caliente”
“¿Pues qué te pasó
we?”- preguntamos intrigados
y bastante preocupados. Entonces prosiguió…
“Cuando llegué a la
colonia que me tocaba, que por cierto era un pueblito con calles de terracería,
casitas de adobe y nopaleras en cada esquina, saqué mis encuestas y empecé a
trabajar. Desde que llegué varias personas me estuvieron siguiendo de cerca y
por como iban vestidos, se notaba que no eran gente que viviera ahí, pues
traían botas, pantalones de mezclilla, camisas de vestir y por el contrario, la
gente de ahí andaba literalmente en chanclas o descalzos. También había
camionetas grandes dando rondines por donde yo pasaba. Pero yo seguí trabajando
normal.
Entonces una mujer como
de 1.60 de estatura, morena, se me acercó para pedirme la hora, pero aún cundo
se la di continuó haciéndome preguntas, que de dónde venía, que de qué eran mis
encuestas, etc. Total que llegó un momento en que me dijo:
- Mira, la verdad
quiero decirte algo pero no sé cómo lo vayas a tomar… – (en ese momento pensé,
ya valió madres) –… La neta wey, te estamos siguiendo desde hace rato, y me
mandaron por ti, para llevarte con nosotros, pero como se ve que eres buen pedo
te pido que nos acompañes por la buena, si no, te vamos a tener que subir
ahuevo a una de las camionetas. Entonces ¿cómo ves te subes o te subimos?...
Obviamente no me quedó
de otra más que aceptar su oferta, así que me subí con ellos a una camioneta y
ya arriba me pidieron que agachara la cabeza para que nadie me viera. La
camioneta arrancó, pero no pude ver hacia dónde me llevaba. La verdad estaba
muy asustado pues pensé en lo peor.
Después de un rato la
camioneta se detuvo. Me bajaron y me metieron a una casa de esas de adobe con
techo de lámina. Me introdujeron en un cuarto donde había solo una mesa y una
silla; me sentaron en ella y me quitaron mis cosas. Revisaron las encuestas, mi
celular y todo lo que traía. Había unos cinco tipos ahí conmigo más la mujer
morena que me pidió que me fuera con ellos. Entonces empezaron a hacer varias
llamadas por celular pero en dialecto así que no pude entender nada de lo que
decían y eso me puso más nervioso.
Uno de ellos me
preguntó que si conocía a unos chavos que estaban trabajando en San Marcos y me
los describió con santo y seña. Obviamente se refería a ustedes, y pues yo le
dije que sí, que ustedes eran mis compañeros y que también estaban haciendo
encuestas, y luego me preguntó por otros equipos que estaban en otras colonias,
describiendo rasgos físicos y vestimenta. Describió a cada uno de los
encuestadores del estudio. Obvio, nos tenían bien ubicados a todos. De hecho me
preguntó por ti Osvaldo, que ¿porqué tú no estabas haciendo encuestas?, y le
dije que porque tú eres el supervisor.
Después de un rato de llamadas
por celular y misteriosas platicas en dialecto, me lo dijeron todo; ellos son
gente del PAN, seguidores del candidato Félix Guadalupe Rojas, y estaban
decididos a lograr que su candidato le ganara en las encuestas a su
contrincante Pablo Pérez Maceda, por eso estaban secuestrando encuestadores
para obligarlos a llenar encuestas a favor de Félix. Por eso me detuvieron,
para que llenara todas mis encuestas a favor de su candidato ahí frente a ellos
y yo obvio, lo hice.
Algo que me dejaron
bien claro es que saben quienes somos, y saben en qué hotel estamos hospedados
y además, saben en qué otros municipios vamos a trabajar en los días siguientes,
así que lo mejor para nosotros es actuar normal, y no decir nada al respecto. Ellos
controlan el pueblo, así que lo mejor es no meternos con ellos, si queremos
salir vivos de aquí.
Después de llenar las
encuestas me sacaron de ahí a escondidas pues según ellos, la gente del otro
candidato estaban buscándome para asegurarse de que no estuviera ayudando a los
de Félix. Me trajeron en su camioneta y me dejaron a unas cuadras del hotel. La
morena me dijo que hablara con ustedes. Quiere que llenen también todas las
encuestas que traen a favor de Félix, y obvio, no tienen de otra. Me dio su
número de cel para que le marcara en cuanto llegaran ustedes porque va a venir aquí
personalmente a corroborar ella misma que llenen todo a favor de Félix.
Y pues, así está el
pedo we.”
En el momento nos quedamos todos en
estado de shock, pues no sabíamos con qué clase de personas estábamos tratando.
Lo importante era que hiciéramos lo que nos pedían sin poner peros para llevar
la fiesta en paz.
Después de las llamadas
correspondientes y a los pocos minutos llegó la susodicha a nuestro hotel.
Llegó en una camioneta con más personas pero solo ella se bajó. Entro al hotel
y muy apresurada nos pidió que nos enclaustráramos en una de nuestras
habitaciones. Ya adentro pidió que cerráramos la puerta con llave y cerráramos
las ventanas y cortinas para que nadie pudiera vernos u oírnos. Nos pidió que
sacáramos nuestras encuestas en blanco y que las llenáramos a favor de Félix,
su candidato, y a mí me pidió que grabara en video todo el procedimiento con un
celular, según esto para que sus jefes vieran que sí lo hicimos.
Debo reconocer que antes de que
llegara estaba muy nervioso pues no tenía idea de qué esperar, y la verdad es
que se ha visto cada cosa en las noticias sobre este tipo de pueblos que
siempre te imaginas miles de cosas, como secuestro con violencia,
desapariciones, torturas, etc., y sobre todo tratándose de algo tan delicado
como lo es la política pues peor. Pero todo parecía indicar que no había nada
que temer.
Ya habíamos casi terminado cuando un
compañero se atrevió a preguntar lo que todos deseábamos saber; ¿para qué hacen
todo esto? ¿Para qué necesitan alterar las encuestas si a fin de cuentas eran
solo eso; encuestas y no votaciones oficiales? Y la respuesta de aquella mujer
nos dejó sorprendidos…
“Mira wey, lo que digan
las encuestas es muy importante, porque es una tendencia que la gente toma como
lo más probable, entonces, si las encuestas se inclinan por nuestro candidato,
la gente indecisa, la que hubiera anulado su voto, podría votar por él, además,
si el resultado de la encuesta nos favorece, es más fácil para nosotros
manipular las elecciones sin que alguien sospeche, por eso desde que llegaron
hemos estado levantando encuestadores en todos los municipios. Es por eso
también que el partido paga tanto por un estudio como este, y además paga para
que gane el candidato que el partido decidió. El presidente municipal actual y
el partido deciden quién será el próximo candidato, osea que las elecciones
internas y las encuestas ya están compradas y solo sirven para taparle el ojo
al macho. El partido invirtió mucho dinero para que gane Félix y Félix va a
ganar. Lo malo es que la pinche gente de Pablo nos sigue la pista muy de cerca,
así que tenemos que cuidarnos de ellos pa´ que no se den cuenta de lo que
estamos haciendo.
Y mira wey, la neta
nosotros no somos gente culera ni mucho menos, al contrario, somos igual a
ustedes; también estamos en esto por necesidad, por dinero, y no por chingar a
la gente. Además, ¿sabes cuánto varo invierten los “de arriba” en estas
chingaderas?... nomás pa´ que te hagas una idea; a ustedes la encuesta se las
pagan como de a 50 pesos más o menos, pero su costo real es como de mil varos
por encuesta, osea que a ustedes solo les llega el puro cascajo wey. Esos
cabrones de arriba tienen dinero para regalar y si nosotros podemos sacar
beneficio de esto pus´ lo sacamos, de todos modos es varo que esos cabrones se
embolsan. Y por cierto, les vamos a dar un pequeño incentivo a ustedes, así que
no se preocupen, pa´ que vean que no somos ojetes y porque sabemos que la neta
ustedes ni tienen la culpa, y solo vienen aquí a trabajar.”
Y bueno, después de su explicación
sobre la máquina política que rige al país, nos dio a cada uno nuestro
“incentivo” por ayudarles y nos pidió que en una hoja anotáramos nuestros
nombres y números telefónicos por “cualquier cosa”. Y como es de suponerse,
antes de irse nos advirtió (amablemente) que ni una palabra de esto a nadie por
nuestra propia seguridad, pues nos tenían perfectamente bien ubicados.
En cuanto se salió de la habitación
mis compañeros y yo respiramos al fin. Lo peor ya había pasado (según nosotros)
y además nos habíamos ganado una lanita extra. Aunque eso sí; la simple idea de
sentirnos vigilados, nos mantenía inquietos aún, y sabíamos que lo mejor era no
decir nada al respecto y salir del municipio inmediatamente al día siguiente.
Lo importante en ese momento era nuestro bienestar, por encima del trabajo, así
que nos dispusimos a regresar a nuestras habitaciones a descansar para
abandonar el lugar temprano por la mañana.
Eran casi las 7 de la tarde y al
hotel empezaron a llegar los equipos de encuestadores de las demás empresas que
estaban hospedados ahí también. Se podían oír (por lo pequeño del hotel), los
comentarios que hacían, y por lo que pudimos escuchar, a ellos también los “habían
levantado” la gente de Félix para obligarlos a manipular los resultados de sus
encuestas, y por lo que decían, puedo asegurar que a mi equipo le fue bien,
pues a algunos de ellos (según escuchamos), los amarraron, y en otros casos
hasta golpes se llevaron.
Los comentarios exaltados de los
encuestadores poco a poco fueron apagándose, hasta convertirse en murmullos y
luego en silencio, pues ya estaba oscureciendo y era hora de ir a descansar.
Eran las 8:30 de la noche y el hotel
estaba completamente callado. Un silencio bastante extraño, considerando la
cantidad de encuestadores que estábamos hospedados. Entonces recibí una llamada
de México; se trataba de mi jefe que, en un tono bastante alterado me dijo: “Osvaldo, necesito que le digas a tu equipo
que agarren sus cosas y salgan de Tlacotepec ahorita mismo, pues me acaba de
llegar un rumor de que las cosas están muy calientes ahí, así que agarren sus
maletas en chinga, salgan del hotel y tomen el primer camión que encuentren hacia
el Centro de Puebla, pero ya”. ...Obviamente, esa llamada me dejó helado,
sobre todo considerando que el jefe ni sabía lo que nos había pasado y que
además, ya había pagado nuestra estancia en el hotel (y no es una persona que
acostumbre regalar el dinero así).
En ese preciso instante, y antes de
que fuera a avisarles, uno de mis compañeros entró a mi habitación y me dijo: “¡Ya valió madre!” y me pidió que guardara silencio y que
escuchara con atención; afuera, el gerente del hotel estaba hablando por
teléfono con “su compadre”. Lo que escuchamos terminó de quebrar nuestros ya
alterados nervios…
“Pues sí compadre, según
que ya salió en las noticias que los encuestadores le están ayudando al pinche
Félix, y aquí estaban todos en el hotel, pero hace un rato se empezaron a ir
varios, y ya solo queda un grupo de cinco. No te preocupes, yo los vigilo y
cualquier cosa te aviso compadre.”
Exactamente, ya valió madre, pensé.
Al parecer todos los encuestadores de las otras empresas ya habían abandonado
el pueblo, solo quedábamos nosotros, y lo peor del caso es que estábamos
totalmente vigilados, y por la hora, era mejor apresurarse a salir de ahí antes
de que los autobuses dejaran de pasar y no tuviéramos de otra más que pasar la
noche en aquel lugar. Entonces agarramos nuestras cosas y en dos minutos ya
estábamos listos para abandonar el lugar, y fue obvio que al entregarle las
llaves al gerente del hotel, éste de inmediato avisó a su “compadre” por
teléfono que ya íbamos de salida.
Una vez afuera con nuestras maletas
en mano, caminamos por la oscura calle que llevaba hacia la avenida principal,
para tomar ahí el autobús rumbo al centro, pero no dimos ni tres pasos cuando
dos camionetas que estaban estacionadas frente al hotel encendieron sus luces y
(de la manera más obvia posible) comenzaron a seguirnos, manteniéndose justo
detrás de nosotros a la velocidad de nuestro paso. Iban literalmente pisándonos
los talones. Nos dijimos “nadie voltee y no se separen”.
Cuando llegamos a la avenida
principal (de doble sentido, dividida por un camellón) la atravesamos para
tomar el autobús que pasaba del otro lado, entonces, una de las camionetas se
estacionó y la otra se fue a dar la vuelta al retorno para ir y estacionarse a
escasos 20 metros de nosotros. No estábamos seguros de quiénes se podía tratar,
pero de lo que sí estábamos seguros es que iban por nosotros y lo que sea que
quisieran lo querían con nosotros. Y la verdad fueron unos momentos de tensión
horribles, ya que el “bendito” autobús no pasaba y cada vez se estaba haciendo
más tarde, y lo peor; más camionetas estaban llegando y estacionándose en las
esquinas alrededor de nosotros. Estábamos prácticamente rodeados.
Sacando conjeturas llegué a la
conclusión de que posiblemente se trataba de la gente del candidato Pablo Pérez
y que estaban ahí porque seguramente sabían lo que habíamos hecho. Esta
hipótesis obviamente me puso aun más nervioso pues de ser cierta, no se trataba
de un simple susto; en realidad nuestra vida estaría corriendo peligro. Solo de
imaginar las cosas que nos podían esperar en manos de gente así hizo que mi
color desapareciera y empecé a sudar frío, y por el semblante de mis
compañeros, puedo asegurar que no era el único con esa sensación. Definitivamente
entrometerse en la política es algo delicado, me dije. Ahora bien, ¿porqué tantas
camionetas siguiéndonos? ¿Qué es lo que quieren? Después de varios minutos de
espera ya no eran solo dos, sino cinco las camionetas que nos estaban siguiendo
(o al menos fueron esas las que pudimos percibir, pudieron ser más) y por
obviedad dedujimos que estaban esperando el momento para subirnos, pero ¿a qué
hora? ¿Qué estaban esperando?
Y bueno, los minutos pasaron, se
hacía cada vez más tarde, había cada vez menos gente en las calles y varios
establecimientos que estaban sobre la avenida empezaron a cerrar, lo que
oscureció el camino cada vez más, y lo peor; el autobús no pasaba. Entonces
decidimos caminar sobre la avenida en sentido contrario a la circulación
tratando de encontrar un lugar más alumbrado para esperar, pues la oscuridad no
nos convenía para nada. En cuanto empezamos a movernos, todas las camionetas
empezaron a moverse con nosotros, siguiéndonos el paso cada vez más de cerca.
Uno de los compañeros sugirió tomar
un taxi, pero desechamos la idea ya que de nada serviría, pues si lo que querían
era “levantarnos”, fácilmente se le podían cerrar al taxi más adelante y
bajarnos de él, así que la mejor opción por mucho era esperar el autobús; en un
transporte con más gente, pensamos que sería más difícil que nos bajaran. La
siguiente propuesta fue llamar a una patrulla, pero desgraciadamente tampoco
era una buena opción ya que, si se trataba de gente del candidato, lo más
seguro es que la misma policía estuviera con ellos. En realidad estábamos
solos, en territorio ajeno, lejos de casa y sin poder hacer nada más que
esperar ya sea el autobús o el momento en que por fin se decidieran a bajarse
de sus camionetas y levantarnos.
Caminando por la oscura avenida al
fin llegamos a una esquina alumbrada pues había una taquería grande ahí. Aunque
las camionetas de inmediato se estacionaron en los alrededores, debo reconocer
que bajo la luz nos sentíamos más seguros. Ya ahí, un compañero se dirigió al
encargado y le preguntó si es que aún pasaba el autobús que va para Puebla
Centro, pues ya eran casi las 10 de la noche y nada que pasaba. El señor le
dijo que sí, que posiblemente ya no tardaba. Luego de observarnos detenidamente
nos preguntó: “Ah, ¿ustedes son los
encuestadores que andan buscando?”…
Sobra decir que su pregunta nos dejó
helados. ¿Qué acaso todo el maldito pueblo estaba enterado? Si así fuera,
definitivamente estábamos perdidos pues eso significaba que no habría ni para
dónde correr. A dónde nos quisiéramos esconder, seguramente alguien nos
delataría. ¡Pinche autobús de mierda, ¿por qué no pasas?! Pensé.
Entonces el compañero le dijo: “Sí don, la neta somos encuestadores y solo
venimos a trabajar, así que no se que quieran con nosotros, no traemos nada,
solo encuestas. Así que si esa gente que nos está siguiendo son gente suya,
dígales que “al chile” no queremos pedos, que nos digan qué quieren porque
neta, no sé que piensen que traemos, pero no traemos nada.”
El tipo negó pertenecer a la gente
que nos seguía, es más, incluso nos ofreció escondernos dentro de su taquería
si es que nos querían hacer algo (oferta que por obvios motivos rechazamos). En
ese momento se acabó la espera, por fin una de las camionetas que nos seguían
se estacionó junto a nosotros y de ella se bajaron tres tipos malencarados,
barbudos, con una facha de narcos enserio. Uno de nosotros dijo: “Pues esto ya valió madre, así que si nos
van a subir que les cueste trabajo, a soltar putazos, y el que se pueda
desafanar que busque ayuda”…
Dos tipos se dirigieron a la taquería
y se quedaron platicando con el dueño. El otro fue y se paro enfrente de
nosotros con una actitud retadora.
-“Quiubo chavos, ps
ustedes ¿deonde son? Porque se nota que no son de acá”- nos dijo.
-“No pues venimos acá a
trabajar don, somos de la ciudad de México, y usted?”
-“Yo soy de acá mero.
Soy maestro de San Marcos.”
-“Ah qué bien don.
Oiga, como que está medio cabrón por acá, no don?”
-“No chavo, está cabrón
para el que no es de acá, pero para un que es de aquí pues no…”
Hubo un silencio incómodo lleno de
tensión pues el tipo, sin decir nada más, se nos quedó viendo como si estuviera
a punto de hacer algo. Y en ese preciso instante, el “bendito” autobús
apareció, y en cuanto se detuvo frente a nosotros no nos vieron ni el polvo,
pues en dos segundos ya estábamos arriba. Ni siquiera nos detuvimos a ver qué
hacían los tipos que nos seguían. Definitivamente fue el momento preciso pues
estoy seguro que, de haberse demorado unos minutos más el autobús, no estaría
aquí tan cuco contando mi anécdota. Ya arriba, nos acomodamos en distintos
asientos como esperando confundirnos con los pasajeros a bordo. Y la verdad es
que debo reconocer que ni estando ya en el autobús, me sentía seguro, pues algo
me decía que no nos iban a dejar ir así de fácil y mis sospechas eran ciertas.
Las camionetas iban escoltando el autobús, y así lo hicieron durante varios
kilómetros. De hecho, cada que el autobús se detenía (ya sea para subir o bajar
pasajeros), inmediatamente pensaba lo peor; que ya se nos había cerrado alguna
camioneta para bajarnos y en cada parada me asomaba al frente para asegurarme
de que no fuera así. Nos estábamos abriendo paso por la carretera hacia un
tramo de la misma donde, por la oscuridad de la noche y la falta de alumbrado,
solo se alcanzaban a percibir las siluetas de las montañas en el horizonte, y a
nuestros costados a veces barrancas o árboles, a veces nada. Aunado a esto, el
silencio dentro del autobús era casi total, pues ningún pasajero decía palabra
alguna (la mayoría venían dormidos, supuse).
La mente humana es muy cabrona y
tiene la capacidad de hacerte imaginar las cosas más maravillosas, pero también
las más horribles. No podría decir exactamente qué es lo que mis compañeros
estaban pensando en esos instantes, pero puedo hablar de las terribles escenas
que mi mente me hizo visualizar: el autobús es detenido en mitad de la
carretera y se suben por nosotros, nos bajan a punta de golpes y una vez abajo
cobran con sangre el que nos hayamos entrometido en asuntos políticos que no
nos incumben. La oscuridad de la noche y lo apartado del lugar impiden que
alguien a kilómetros se entere, y días después, los cinco encuestadores y yo
formamos parte de esa olvidada estadística de personas desaparecidas en lugares
remotos como ese. Nadie sabe y nadie supo qué nos pasó. Y como esa, miles de
historias más se generaban en mi mente, mientras pasaban los minutos que se
sentían cual horas.
Y cuando parecía que todo había
terminado, un tipo se sube al autobús, paga su pasaje y parece buscarnos con la
mirada entre los pasajeros, traía un libro en la mano. Una vez que nos
identifica, busca un asiento próximo a nosotros y se sienta. A continuación, y
para extrañeza de varios pasajeros (sobre todo de nosotros), comienza a recitar
un poema en voz alta desde su asiento. El poema era para nosotros, ¿cómo lo sé?
Pues porque se trataba de “La Maldición de Malinche” de Gabino Palomares, y
considerando que nos estaban siguiendo por haber aceptado dinero a cambio de
falsificar información sobre la opinión del pueblo, cada palabra de este poema
nos caía como anillo al dedo por “vendepatrias”, nos habíamos ganado letra por
letra este poema por apoyar a quienes se dedican a robarle al pueblo.
Este es el poema “La Maldición de
Malinche”, ustedes dirán si la metáfora aplicaba o no…
“Del mar los vieron llegar
mis hermanos emplumados,
eran los hombres barbados
de la profecía esperada.
Se oyó la voz del monarca
de que el dios había llegado
y les abrimos la puerta por temor a lo ignorado.
Iban montados en bestias
como demonios del mal
iban con fuego en las manos
y cubiertos de metal.
Solo el valor de unos cuantos
les opuso resistencia
y al mirar correr la sangre
se llenaron de vergüenza.
Porque los dioses no comen
ni gozan con lo robado
y cuando nos dimos cuenta
ya todo estaba acabado.
En ese error entregamos
la grandeza del pasado
y en ese error nos quedamos
300 años esclavos.
Se nos quedó el maleficio
de brindar al extranjero
nuestra fe, nuestra cultura
nuestro pan, nuestro dinero.
Hoy le seguimos cambiando
oro por cuentas de vidrios
y damos nuestra riqueza
por sus espejos con brillo.
Hoy en pleno siglo XXI
nos siguen llegando rubios
y les abrimos la casa
y los llamamos amigos.
Pero si llega cansado
un indio de andar la sierra
lo humillamos y lo vemos
como extraño por su tierra.
Tú, hipócrita, que te muestras
humilde ante el extranjero
pero te vuelves soberbio
con tus hermanos del pueblo.
¡oh! Maldición de Malinche
Enfermedad
del presente
¿Cuándo dejarás mi tierra?
¿Cuándo harás libre a mi gente?”
A este texto, nuestro amable poeta
del autobús le incluyó un par de líneas que si no mal recuerdo, decían más o
menos así…
“A ese pintoresco grupo que hoy entre
risas se burlan
Les digo lo que no saben,
Que un par de monedas de oro, en sangre se
convierten.”
Y una vez terminado su recital, se
levantó y bajó del autobús en mitad de la carretera. En ese momento, me asomé
por la ventana y noté que las camionetas ya no nos seguían. Después de eso
pasaron varios minutos sin novedad alguna. Al parecer ahora sí, todo había
terminado.
No supe en qué momento fue pero me
quedé dormido y desperté hasta que llegamos a la terminal de Puebla Centro,
que, por su nivel de urbanización me hacía sentir “a salvo”. Lo cierto es que
la odisea sí había terminado ahí pues en los días siguientes visitamos otros
lugares como Grajales y Nopalucan sin que tuviéramos el mismo problema. Nadie
entre los compañeros comentó nada de lo sucedido, supongo que en parte por
miedo y en parte porque nosotros también salíamos perjudicados si decíamos lo
que habíamos hecho, así que los siguientes días trabajamos normal, tratando de
no pensar en la desagradable experiencia.
Después de regresar al DF pasé varios
días reflexionando sobre lo sucedido en Tlacotepec, sentí como si algo en mí
hubiera cambiado, pues tuve una crisis existencial muy extraña; me sentía
triste, temeroso, inquieto, muy desmotivado y sobre todo pesimista. Fueron
muchas cosas las que me afectaron, como haber visto tan de cerca la pobreza
extrema en que vive mucha gente allá y pensar que no va a cambiar su situación,
al menos no durante el siguiente gobierno que les esperaba. Además de que haber
formado parte de la corrupción política me dejó con una sensación de vacío
terrible; en parte por la culpa y el miedo de sentirme vigilado incluso en mi
propia casa pues desconocía el alcance pudiera tener esa gente, y en buena
parte también porque haber escuchado las palabras de aquella mujer, tan tristes
pero realistas, me hizo pensar que realmente no tenemos una democracia en
México, sino todo un circo perfectamente bien armado para “darle atole con el
dedo” a los mexicanos, y lo peor es que no podemos hacer nada. ¿A caso estamos
condenados a vivir como esclavos toda nuestra vida? Y es que esa sociedad
utópica donde existe libertad de expresión, del voto o de pensamiento, no
existe, y menos en México. Tenemos que vivir día con día como esclavos de
nuestras propias necesidades; trabajar para comer y vestir y conseguir eso que
el sistema nos ha hecho creer que necesitamos (llámese televisores, smartphones,
electrodomésticos, autos, incluso una simple coca-cola) y esto nos lleva a
formar parte de ese círculo vicioso del consumismo que enriquece al que más
tiene y empobrece al que menos. Entonces, somos nosotros mismos los que con
nuestro trabajo, con nuestros impuestos, con nuestra ignorancia o conformismo,
seguimos echando andar esa maquinaria de gobierno que todo hace, menos servir
al pueblo. Ahora, ¿solución?... ¿qué solución puede tener algo así, cuando ni
siquiera puedes denunciar a un político corrupto por el miedo a ser
secuestrado, torturado y desaparecido? En pocas palabras, estamos jodidos.
Como comprenderán, la pasé mal
enserio. Incluso llegué a pensar que al no haber salida a tan miserable futuro,
no valía la pena ni siquiera trabajar, opinar o tratar de ser feliz, porque a
fin de cuentas trabajamos para enriquecerlos a ellos, nuestra opinión no cuenta
pues nunca será escuchada, y tratar de ser felices en esta “colonia de
hormigas” a la que llamamos nación libre y soberana era solo un espejismo.
Entonces, nada, absolutamente nada tenía sentido en la vida.
Luego, una persona me transformó; mi
esposa. Una persona a quien tal pareciera que la vida siempre quiso ponerle
obstáculos para ser feliz, pues desde su infancia hasta la actualidad le ha
tocado vivir cosas en verdad difíciles (miren que haberse casado con un tipo
tan complicado como yo es una de ellas), pero eso no ha logrado que pierda su
optimismo, su necesidad de crecer, de ser feliz, de disfrutar la vida al
máximo. Y no porque sea inconsciente de la triste situación del país, sino
porque precisamente la conoce y sabe que para cambiar las cosas uno debe
empezar por cambiarse a sí mismo. Sus palabras son lo que hoy me mantiene
fuerte, con ganas de superarme, de dejar de esperar que las personas cambien y
cambiar yo mismo, tratar de ser mejor persona y estudiar (es gracias a ella que
hoy, a mis 27 años estoy retomando mis estudios de preparatoria), y sobre todo
de entender que la felicidad no la voy a encontrar en ningún otro lado más que
dentro de mí.
Hoy estoy aquí, escribiendo estas
líneas porque es lo que me llena, porque es mi derecho a expresarme y dar mi
opinión. Estoy consciente que estas palabras no van a cambiar la situación
política de México, pues ni la dizque “independencia” ni la “revolución” lo
hicieron, pero si le sirven a una sola persona para despertar, para cambiar,
para actuar, o simplemente para pasar un rato agradable leyendo, eso para mí es
suficiente.
En México, así como en el resto del
mundo existe una guerra vil, sucia y deshonesta por el hueso, que lo único que
hace es terminar chingando al pueblo y es nuestro deber como ciudadanos cambiar
esto desde la perspectiva intrínseca del “piensa global, actúa local”.
Sé que mis habilidades como redactor
son precarias y me disculpo con el lector, pues mi intención no es presumir de
gran escritor, simplemente quería contar mis experiencias en el tema y espero
que se entiendan. Agradezco el tiempo que se han tomado en leer estas líneas
que espero poder seguir usando humildemente como medio de expresión. De verdad
gracias.
DATO CURIOSO: El candidato Félix
Guadalupe Rojas no ganó en las elecciones a presidente municipal en Tlacotepec,
mismas que se llevaron a cabo entre impugnaciones, robos de urnas, conteos
preliminares inciertos, una ola de inseguridad y demás irregularidades. Esto
quiere decir que, una de dos; las elecciones en verdad se llevaron cabo con
estricto apego a la ley y el resultado fue el que en verdad la gente decidió, o
el partido del actual presidente electo le invirtió más lana a su “campaña”…
aunque creo que la respuesta es obvia, usted mismo saque sus propias
conclusiones.