lunes, 15 de septiembre de 2014

HAY ALGO PODRIDO EN MÉXICO

Algo apesta en México. Algo que irrita la nariz al salir a la calle, que provoca nauseas y malestar estomacal. Huele como a carne podrida, como si una rata que lleva muerta varios días se hubiera pulverizado y estuviera viajando diariamente en el aire que respiramos día a día los mexicanos. Y no solo huele, también se ve; en el rostro de las personas que caminan por las calles se nota una incomodidad lógica por tener que vivir con este hedor. En los indigentes y niños que viven en situación de calle se nota un semblante de decepción, de asco y de resignación, porque se ve muy difícil que el hedor se vaya. Y es que lleva mucho tiempo aquí, con nosotros.

Y la pregunta obligada es ¿de dónde carajo viene ese maldito hedor? ¿Por qué, aunque la lluvia lave las calles, no se va? Muchos han intentado erradicar esa peste en el pasado, pero vuelve, y con más intensidad cada vez. Y cuando aquellos que intentaron eliminarla se dieron cuenta de que volvería, decayeron, perdieron la esperanza y se volvieron indiferentes. Aprendieron a coexistir con lo pútrido.

El problema hoy es que no solo se trata de un simple hedor. Con el paso de los años ha ido mutando, evolucionando hasta convertirse en algo más peligroso, en algo que ya no será tan fácil de eliminar. Esa repugnante nube de putrefacción ha penetrado no solo en las calles, sino en los hogares de los mexicanos, hasta llegar a formar parte de uno mismo. Se está alimentando de nosotros, de nuestro espíritu, de nuestro trabajo, de nuestra fe, de nuestros sueños, de nuestras necesidades, de nuestra esperanza, de nuestros hijos y del resto de nuestra familia. Hoy ya no son suficientes un estropajo y un poco de jabón; hoy se requiere de algo más potente, de algo más radical, de algo más agresivo para su eliminación. El problema es que eso que se requiere está muy escaso en México, o al menos eso parece.

Y precisamente hoy que celebramos a nuestro México, habría que preguntarse primero si es posible festejar algo con ese apestoso olor allá afuera, porque cada vez que grites “¡Viva México!” el hedor se meterá por tu boca hasta llegar a tu corazón y se alimentará de él. ¿Y sabes por qué? Porque también se alimenta de tu “amor” por México y de tu “patriotismo”. Y después de comer, se ríe de ti, de tu ingenuidad o de tu indiferencia. Se ríe porque sabe que tienes tanta hambre que te puede dar un plato de mierda y tú se lo agradecerás. Y se ríe porque sabe que tienes una memoria tan corta que mañana no recordarás nada de lo sucedido y volverás a tu rutina.

Escribo esto porque estoy inconforme. Porque tengo asco y me enferma. Porque por más que lo intento, no puedo disimular que no lo huelo. Porque amo a México y me gusta vivir aquí, y creo que puedo hacer algo para cambiarlo. Todos pueden, la cuestión es que quieran. Algunos solo se burlarán y dirán que es imposible, pero eso solo es muestra de que la putrefacción ya los alcanzó. Lo importante es saber de dónde proviene ese hediondo aroma a mierda, porque una vez que identifiques la fuente, entenderás qué es lo que tienes que hacer para suprimirla; ya sea traer el jabón, el agua o los huevos.


Celebremos a México, no su “independencia”.