viernes, 26 de abril de 2013

LOS BENDITOS PLACERES DE LA CARNE

“Si un hombre yace con otro de igual forma en que lo hiciere con una mujer, ambos habrán cometido una abominación; deberá matárseles, y su sangre esparcida por encima de ellos.”
-Levítico-
Tener relaciones sexuales con una persona de tu mismo sexo, azotar o ser azotado en una relación sexual sadomasoquista, probar posiciones diferentes a las convencionales, utilizar juguetes u objetos fetichistas durante el sexo o simplemente autosatisfacerte con las delicias de la masturbación, son ejemplos de deseos que TODOS podemos tener, aunque no todos queremos aceptar. La pregunta es ¿porqué sentir vergüenza por estos sentimientos tan naturales para el ser humano?; los benditos placeres de la carne.
La religión se ha encargado de mantener como tabú todos estos deseos naturales que por el simple hecho de estar vivos, poseemos. Condenando desde tiempos inmemoriales la homosexualidad, el sexo prematrimonial y la masturbación, haciéndonos creer que se trata de temas vergonzosos, impúdicos, prohibidos, pecaminosos, sucios, oscuros y hasta satánicos. Casi apuesto a que algunos lectores se están sintiendo incómodos con este texto, pues eso es gracias a la doble moral religiosa (a la que ellos llaman valores) que nos han inculcado desde niños. Pero pensémoslo religiosamente; ¿que acaso Dios no es el creador de todo?, pues si es así entonces también creó el sexo, el placer, las fantasías y los deseos sexuales, así que dudo mucho que a Dios le molesten estos temas, ya que él mismo los creó y nos dio la capacidad de sentir dichos deseos. Entonces, ¿por qué la Biblia diría lo contrario?... solo Dios sabe.
El sexo, con todas sus variantes, llámese homosexual, bisexual, heterosexual o inclusive asexual, debe ser celebrado. Celebremos esa capacidad de sentir placer que “Dios nos ha regalado”. Dejemos de sentir vergüenza por aquellas fantasías “prohibidas” que tenemos. Si tu fantasía sexual es un trío, o un intercambio swinger, o simplemente hacerlo con alguien de tu mismo sexo, hazlo, que no hay nada de satánico en ello.
Según el Papa Negro, Anton LaVey, el sexo solo es malo cuando se convierte en una adicción, es decir, cuando tu deseo sexual te impide realizar tu vida cotidiana, o cuando uno de tus fetichismos o fantasías involucra a quien no desea ser involucrado (como es el caso de la pederastia sacerdotal), pero lejos de eso, el sexo es algo tan divino que quien no disfruta a plenitud de su sexualidad, es quien realmente está viviendo en pecado mortal. Y ante palabras tan acertadas uno solo puede decir AMÉN.

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